Jorge es un profesor de instituto de 39 años
de edad, pasa sus días enseñando a chicos y chicas adolescentes una asignatura
que a ninguno le interesa. Además de eso no es muy popular entre las mujeres
debido a su timidez, le cuesta tanto entablar conversación que muy pocas veces
tiene contacto con ellas.
Una mañana en un rato que tenía libre, Jorge
estaba paseando por el instituto para estirar las piernas y distraerse un rato.
Pero cuando pasó por delante del cuarto de limpieza notó un olor extraño. Sin
duda era olor a marihuana, así que entró abriendo la puerta bruscamente para
sorprender a quien estuviera ahi. Al entrar solo había una persona, Manuela,
una estudiante de último año que lo miraba con cara de miedo y con el churro de
mota aún en la mano.
-¿Que hace usted aquí señorita?- Preguntó el
profesor.
-Yo...
-No, no hace falta que conteste, deme su
carnet de estudiante.
-La he cagado...- Dijo la chica para si
mientras le entregaba su identificación a Jorge.
-Pues si, la ha cagado señorita, voy a tener
que informar al director
-No porfavor, el director me expulsará, y
mis padres me matarán, no le diga nada al director porfavor.
-No tengo más remedio señorita, conoce usted
bien las normas del instituto.
-Porfavor, haré lo que sea, pero no le diga
nada a nadie.
Jorge se quedó un momento pensando, estas
palabras iban a ser la perdición de esa chica, ya que la caliente mente de ese
profesor empezó a pensar en como aprovecharse de esa situación.
-Está bien señorita, si no quiere que diga
nada a nadie, venga al terminar las clases a mi despacho, y avise en su casa de
que hoy llegará tarde.
Manuela se marchó enseguida, bastante
aliviada por haberse librado de la situación, y pensando que el profesor la
obligaría a hacer algún tipo de trabajo extra para su asignatura, o algo
parecido, poco se imaginaba lo que vendría.
Al terminar las clases esa tarde, llamó a
casa para decirle a sus padres que se iba a estudiar con una amiga y se dirigió
al despacho de Jorge. Pero una vez que llegó ahí se le pasó la alegría cuando
escuchó lo que le decía el profesor.
-Muy bien Manuela, tienes dos opciones, o le
digo al director que te he encontrado fumando yerba en el cuarto de limpieza, o
me complaces sexualmente durante toda la tarde. Piensatelo bien y dime que
prefieres.
En cuanto la chica se hubo recuperado de la
primera impresión, se puso a pensar en ello, si el director la expulsaba del
colegio tendría graves problemas en casa, ya había tenido varios patinazos con
los estudios, pero su padre no consentiría que fuera expulsada por fumar yerba,
las consecuencias podian ser realmente graves. Finalmente, sin estar muy segura
aún, aceptó la oferta de su profesor.
-Muy bien preciosa, lo primero que quiero
que hagas es que me prepares un buen churro de mota.
La chica preparó el churro de mota y se lo
entregó a Jorge, entonces, el profesor, puso música en su movil.
-Ahora quiero que me hagas un striptis, y
con tranquilidad, que tenemos toda la tarde.
Manuela comenzó a bailar sin ganas, en su
cabeza no entendía porque estaba haciendo eso, pero por otro lado se arriesgaba
a que su padre le pusiera un castigo bastante grave, una vez la amenazó con
mandarla a un colegio militar, incluso. Ante esos pensamientos decidió hacer lo
que le pedían de la mejor forma posible, así que decidió dejar la mente en
blanco y se puso a bailar de la forma mas sensual que fue capaz.
El profesor la miraba complacido mientras se
fumaba su churro de mota, iba observando los movimientos de la chica sin perder
detalle, poco a poco cada una de las prendas fue terminando en el suelo del
despacho, hasta que la chica quedó completamente desnuda frente a el. Su pelo
moreno caía por sus hombros hasta sus grandes y firmes pechos, su cara
ruborizada por la vergüenza invitaba a la perversión, su vientre plano, su culo
firme y redondo y su entrepierna depilada ofrecían un deleite visual, que Jorge
estaba deseoso por degustar. Se levantó de su silla, se acercó a la chica y
comenzó a acariciarle todo su cuerpo. Las manos del profesor recorrian el
cuerpo de la muchacha, que sentía escalofrios por la suavidad con la que la
estaba acariciando. Comenzó a acariciarle el pecho con suavidad, pasando el
dedo suavemente por sus pezones hasta ponerlos bien duros, con la otra mano
acariciaba suavemente su trasero. Luego comenzó a bajar la mano de los pechos
hasta su entrepierna, y comenzó a acariciar su clítoris con mucha dulzura, la
verdad es que Manuela se estaba poniendo muy cachonda.
-Ahora quiero que me quites la ropa tu a mi.
La chica sin pensarselo mucho comenzó a
quitarle la ropa, mientras el profesor pensaba en la suerte que estaba
teniendo, nunca en su vida había estado con una chica así, con la piel tan
suave y aterciopelada, con unos pechos tan firmes que le llenaban la mano, con
un culo tan redondo y prieto que daban ganas de estrujar. Estaba tremendamente
excitado y deseoso de que su pene dejara de estar preso dentro del pantalón,
pero pretendía saborear cada momento de esa tarde sin tener prisa para nada, ya
que era una ocasión única que nunca mas tendría en sus manos.
Cuando Manuela le bajó el pantalón, quedó
impresionada por el bulto que revelaban esos calzoncillos, realmente se veía
grande. Entonces le bajó los calzoncillos rápidamente más por curiosidad que
por otra cosa. Ahí se veía una gran verga que la miraba directamente,
desafiante, impresionante. Jorge observaba a la chica, y se enorgulleció de la
cara de impresión que se reflejaba en ella.
-Chúpamela, quiero llenarte la boca de
leche.
Manuela le miró asustada, nunca había probado
el semen y no sabía que sabor tendría, le daba miedo que le diera asco y acabar
vomitando.
-¿Vamos que esperas?- Le insistió Jorge.
Entonces la chica se acercó la verga a la
boca, pensó que era mejor no pensarlo y acabar cuanto antes, así que se la
metió en la boca y se puso a chuparla. Un escalofrío de placer recorrió el
cuerpo entero del profesor cuando aquella preciosidad comenzó a comerle la verga
de esa forma. A pesar del tamaño, se la metía casi entera dentro de la boca, y
al mismo tiempo jugaba con su lengua, cosa que le daba un gran placer. Después
de unos minutos de estar de pie, disfrutando de la boca de esa preciosidad,
decidió sentarse, una vez sentado, volvió a tomar el churro de mota que estaba
en el cenicero y se puso a fumarlo mientras Manuela seguía comiendose su verga.
Iba disfrutando de cada calada, mientras observaba el rostro de la chica
moverse arriba y abajo con la verga en la boca.
-Voy a correrme- Le dijo.
Ese era el momento que ella estaba temiendo,
se armó de valor y se puso a chupársela todo lo rápido que podía. Y la leche no
se hizo esperar, el profesor comenzó a gemir de placer mientras chorros de
leche salían de esa verga. Manuela se esforzaba por tragar cada gota antes de
que su lengua pudiera notar el sabor. El placer que Jorge sintió era increible,
nunca se había venido en la boca de ninguna mujer, y la situación le dió mucho
morbo. Por su parte, la chica se dio cuenta de que no era tan grave lo del semen,
pudo sentir el sabor en su boca, pero no le resultó desagradable en ningún
momento.
-No pares de chupar aún.- Le dijo el
profesor.
Y así lo hizo, la chica siguió chupando esa verga
por unos minutos más. Entonces le pidió que se sentara en la mesa. Desde su
silla, el profesor tenía el culo de esa preciosidad justo en frente. Se acercó
y comenzó a lamerlo, jugando con su lengua por toda la raja, y en especial el
clítoris. Manuela sentía como la lengua de su profesor recorría su rajita, y no
pudo evitar excitarse, su cuerpo respondía por si solo al cunnilingus que le
estaban dando. Pronto la zona comenzó a humedecerse, Jorge se dió cuenta y no
pudo evitar esbozar una sonrisa triunfal, decidió que terminaría su trabajo,
así que siguió comiendose ese rico pastelito con mas ganas aún. La chica no
daba crédito a lo que le estaba sucediendo, resulta que ese profesor le estaba
provocando el placer más grande que había sentido hasta ahora, realmente lo
estaba haciendo bien, y no pudo evitar vaciarse salvajemente, derramando todos
sus flujos en la boca de Jorge. El profesor seguía lamiendo sin parar mientras
ella gemía cada vez más fuerte, hasta que terminó de vaciarse. Entonces Jorge
se levantó y se le acercó al oido.
-¿Pensabas que solo iba a disfrutar yo?
tranquila que solo es el principio.
Sin darle tiempo a reaccionar, apuntó su verga
a la entrada de su culo, y comenzó a meterla muy lentamente. Manuela sentía
dentro de si como ese enorme pene se iba abriendo paso. Cada vez estaba más
adentro y parecía que nunca iba a terminar. Sentía toda su almeja llena y aún
seguía entrando más profundo. Finalmente la pelvis del profesor chocó contra
sus caderas y ella sintió como había tocado el fondo de su cueva. Le resultaba
increible esa sensación de tener un pene que la llenaba entera y encajaba a la
perfección.
Por su parte, Jorge sentía algo parecido al
ver como su pene entraba de esa forma en ese culo, que era lo suficientemente
estrecho como para que le apretara, pero no demasiado. Sintió un escalofrío al
tocar el fondo de la chica con la verga, y soltó un gemido de placer. Entonces
comenzó a moverse suavemente, degustando ese precioso culo y cada una de las
sensaciones que le producía. La chica soltaba pequeños gemidos de placer,
acompasados con los movimientos de su profesor, que aceleraba el ritmo poco a
poco.
De nuevo Manuela llegó al orgasmo, los
movimientos de su profesor se habían acelerado hasta el punto de producirle ese
placer tan enorme, la chica gritaba y gritaba sin parar, con la espalda
arqueada y el cuerpo totalmente tenso.
-Chúpamela un poco más.- Le dijo el profesor
cuando terminó.
La chica se agachó en frente de el, y
comenzó a chuparsela de nuevo, esta vez con más ganas que antes. Al cabo de un
momento le pidió que se pusiera en pié, y se diera la vuelta, apoyandose en la
mesa. Con una mano la apretaba contra la mesa, mientras con la otra volvía a
metersela en el culo. De nuevo comenzó a culiarsela, agarrándola por el culo,
mientras la chica se aferraba a la mesa disfrutando de esa enorme verga.
Jorge disfrutaba de la imagen de su verga
entrando y saliendo entre esas preciosas nalgas, los gritos de placer de su
alumna eran música para sus oidos. Sin duda era una experiencia que nunca iba a
olvidar. Cada vez se sentía mas cerca del orgasmo, pero no quería correr el
riesgo de embarazar a la chica. Así que le dijo que se sentara en la silla.
Cogió la cabeza de la chica y comenzó a cojerse su boca igual que lo había
hecho con su papaya segundos antes. Manuela recibía la verga gustosa, entendía
perfectamente lo que estaba a punto de pasar, pero esta vez ya no tenía miedo.
Pero algo la sorprendió, de repente el profesor sacó la verga de su boca, con
una mano le agarraba el pelo y con la otra comenzó a masturbarse frente a su
cara. Enseguida comenzó a salir leche de esa verga que se derramaba por su
frente, mejillas, nariz y boca. Toda esa leche caliente que le cubría la cara
la hizo sentirse muy sucia, pero excitada al mismo tiempo.
-Quiero que te comas toda esa leche, y que
me limpies la verga con la boca.
Manuela, obediente, comenzó a retomar con
los dedos toda la leche de su cara y a llevarla hasta su boca. Con lo excitada
que se sentía, hasta le gustaba el sabor del semen, y comenzó a disfrutarlo. En
cuanto ya no quedaba semen en su cara, cogió la mano de su profesor para lamer
lo que ahí pudiera quedar, y luego se metió la verga en la boca para no
desperdiciar nada de ese liquido que tanto le estaba gustando. Estuvo
comiendose esa verga hasta que estuvo de nuevo bien dura.
-Vuelve a ponerte contra la mesa, esta vez quiero
culiarte el culo.- Le dijo el profesor.
-¿El culo? eso no por favor, nunca me lo han
hecho por el culo, me va a doler mucho.
-Tranquila preciosa, puede que te duela al
principio, pero al final te acabará gustando, la alternativa ya la sabes.
Con lágrimas de miedo en los ojos, Manuela
volvió a apoyarse en la mesa. Jorge se sentó en la silla y comenzó a lamerle de
nuevo el culo. La chica se excitó de nuevo y por un momento se olvidó de lo que
iba a pasar. Entonces el profesor le metió un dedo en el culo lentamente, sin
dejar de comerle el culo. Manuela se sintió incómoda por un momento, pero sabía
que era mejor relajarse y se centró en lo que sentía en su almeja. Pronto
volvía a sentirse cómoda, y el profesor le metió otro dedo, esta vez le dolió
un poco, pero pudo soportarlo sin problemas.
Por suerte, Jorge tenía la suficiente
paciencia como para que la chica no sufriera demasiado. Cuando metió el tercer
dedo el dolor fue algo mas intenso, pero aún no se hacía insoportable. El
profesor seguía lamiendole el culo sin parar, cosa que le daba a la chica algo
en lo que centrarse para poder olvidar el dolor hasta que desaparecía. Entonces
Jorge le quitó los dedos del culo, se levantó y acercó su pene a ese precioso
culo que se moría por follar. Lentamente comenzó a apretar, esta vez a Manuela
si que le dolia de verdad. Poco a poco, esa enorme verga se abría paso en su
culo, y ella no podía evitar soltar gemidos de dolor. Se aferraba al borde de
la mesa con sus manos, tratando de soportar el dolor. Una vez hubo metido unos
centímetros, el profesor comenzó un suave metesaca con el fín de acostumbrar el
culo de la muchacha a su presencia.
Con mucha paciencia, iba metiendo la verga
cada vez más profundo, la chica no paraba de sufrir, pero el sabía que pronto
se iría acostumbrando y comenzaría a disfrutar. Hasta que llegó a meterla
entera. Jorge se recostó sobre la chica, con toda la verga metida en su culo,
ella lloraba del dolor, y le habló al oido.
-Tranquila preciosa, lo peor ya ha pasado,
ya verás como poco a poco te va gustando.
Entonces le sacó la verga entera, llenó de
saliva el culo abierto de Manuela con el fin de lubricar, y volvió a meterla,
esta vez con mucha facilidad, gracias a la saliva. Poco a poco empezó a moverse
dentro de ella, y la chica poco a poco sintió como el dolor se iba reduciendo.
15 minutos más tarde, la verga del profesor ya se movía con total facilidad
dentro de su recto, y ella ya no sentía nada de dolor. En realidad había
comenzado a sentir placer. Un placer distinto al de siempre, algo nuevo y
excitante que no paraba de crecer.
Entonces el profesor se sentó en su silla. Manuela
sentía curiosidad por ese nuevo placer, así que sin esperar, se sentó sobre esa
verga y volvió a metersela en el culo. Ahora era ella la que marcaba el ritmo, Jorge
simplemente se dedicaba a disfrutar del placer de ese agujero tan estrecho y a
observar las nalgas de Manuela subiendo y bajando. Unos minutos mas tarde, la
chica volvia a gritar, y de nuevo eran gritos de placer. Saltaba sin parar en
la verga de su profesor y sentía un placer enorme. No tardó mucho más en vaciarse,
un orgasmo que también se sintió distinto a los demás, no mejor ni peor,
tampoco era mas intenso, simplemente era otro tipo de placer. En cuanto terminó
de vaciarse cayó rendida sobre Jorge, que comenzó a acariciarle los pechos con
la verga totalmente dura metida en ese culo. El quería más, así que le agarró
las piernas, la levantó hacia arriba como una muñeca de trapo, y empezó a
moverse dentro de su culo.
Ella gemía y gemía sin parar, se corría una
y otra vez sin fuerzas ni para moverse. Hasta que esa vez fue el profesor quien
comenzó a gritar de placer debajo de ella. Movía su verga dentro de ella
frenéticamente, y le llenaba todo su recto de abundante y caliente leche. Ella
se corrió de nuevo al sentir todo ese líquido dentro de su culo, nunca se le
habían venido dentro, ni del culo ni del culo, y el calor que sintió por dentro
la empujó a otro orgasmo. Ambos se corrieron salvajemente, disfrutando el uno
del otro.
Cuando terminaron, se quedaron por un rato
ambos sentados en la silla, Manuela seguía encima del profesor, el cual tenía
ya la verga flácida y manchada por su leche.
-¿Hemos terminado?- Preguntó la chica cuando
consiguió articular palabra.
-Claro que si preciosa, tranquila que no le
diré a nadie lo que estabas haciendo.
Sin decir una palabra mas, Manuela se vistió
y salió de la sala camino a su casa. El profesor se quedó un rato mas ahí
sentado. Aun no acababa de creerse que hubiera tenido la suerte de poder
disfrutar de una preciosidad como esa. Ese recuerdo se lo guardaría para toda
su vida.
Finalmente se vistió y se marcho a su casa.
Esa noche durmió mucho mejor de lo que podía recordar, y al dia siguiente se
marchó al trabajo totalmente feliz. Durante el día se cruzó con Manuela un par
de veces, la cual le evitaba la mirada totalmente avergonzada. Al terminar las
clases se fué a su despacho a preparar unos exámenes.
Estaba totalmente enfrascado en su trabajo
cuando llamaron a la puerta. Cual fue su sorpresa cuando vió que era Manuela la
que había venido a verle. Ahí entendió perfectamente de que lo que había pasado
el día anterior no era una experiencia unica, a la chica le había gustado y
quería repetir. Al parecer Jorge iba a poder disfrutar de esa preciosidad por
muchisimo tiempo.