Mi profesor
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Todo empezó cuando recibí un e-mail de uno
de mis profesores de la universidad, donde me comunicaba que quería verme al
día siguiente en su despacho porque había suspendido su examen y quería hablar
conmigo, para comentarme porque me había suspendido y que podía hacer para
subir nota. Me sorprendió mucho haber suspendido, porque era una chica muy
estudiosa, y el examen me había ido de maravilla, y me pasé la noche preocupada
casi sin dormir, y pensando que me iba a pasar todo el verano estudiando.
Por la mañana, cuando me levanté, seguía
pensando en el correo de mi profesor, y cada vez lo entendía menos, porque lo
normal hubiese sido que yo, al ver que había suspendido, pidiera revisión de
examen, y no entendía a que venía tanta molestia. Además casi ni me conocía,
porque había ido poco a su clase, la verdad es que cuando me envió el correo yo
estaba convencida de que no sabía a quien se lo escribía, y pensaba que lo
había hecho con todos los alumnos que habían suspendido.
Era un hombre de unos 48 años (yo tenía 22),
alto, moreno, muy serio y bastante antipático, de esos que nunca saludan cuando
te ven por los pasillos de la universidad, y no muy atractivo, pero tenía fama
por su enorme paquete, que se le marcaba llevase los pantalones que llevase.
Me duché y me vestí. Me puse una falda
negra, larga, y una camiseta roja, ajustada, con un buen escote que dejaba
bastante al descubierto mis pechos, que no son pequeños (105 de sujetador). Me
tomé mi café y me fui para la universidad pensando en qué era lo que tendría
que hacer ese verano para subir nota. Llegué puntual, a las 10 de la mañana, y
llamé a la puerta de su despacho, me hizo pasar en seguida.
Hola Veronica – me
dijo con rostro serio.
Hola – dije yo
sorprendida de que supiera mi nombre -. Buenos días.
Noté como sus ojos se clavaban en mi escote,
pero pensé que eran imaginaciones mías, porque no era un hombre que tuviera
fama de ligar con las alumnas. Encima de la mesa tenía mi examen, aparentemente
si corregir, y eso me sorprendió.
Habrá recibido mi correo,
¿no? – me dijo – Ha hecho usted un examen muy por debajo de su nivel, y no me
ha quedado más remedio que suspenderla.
¿Debajo de mi nivel?
– dije yo algo indignada. ¿Qué sabía él sobre cuál era mi nivel? – Debe
puntuarme como al resto de la clase, ¿qué significa que estoy por debajo de mi
nivel?
Creo que usted es
una buena estudiante, y tendría que esforzarse más.
Había algo en aquella cita que no me
cuadraba, y me estaba poniendo algo nerviosa. Notaba que sus ojos estaban cada
vez más fijados en mi escote, tenía la sensación de que me desnudaba con la
mirada, y tengo que reconocer que esa sensación no me disgustaba del todo, al
contrario, la imagen de ese hombre mirándome fijamente me estaba excitando,
sobre todo cuando pensaba en lo que decían de su paquete…
Estuvo enseñándome lo que había hecho mal
del examen, y lo que tenía que hacer para subir nota, y cuando me levanté para
marcharme se levantó él también, me acompañó hasta la puerta, y cuando iba a
salir noté su mano en mi culo y me susurró al oído que le ponía muy cachondo y
que llevaba todo el curso esperando ese momento. Yo me quedé paralizada, no
sabía si quedarme allí o marcharme corriendo, pero no me moví, y él empezó a
meter su mano por debajo de mi camiseta, buscando mis pechos. Los apretaba con
fuerza, y yo estaba cada vez más caliente. Me quitó la camiseta y el sujetador
y me estuvo sobando las tetas un rato, mordiéndome los pezones, lamiéndome, y
me dijo que des de que me había visto el primer día de curso había deseado
follarme. Yo no dije nada. Me desabrochó la falda y me quedé solo con un
tanguita negro, me puse de rodillas y le desabroché los pantalones, se la iba a
mamar a mi profesor, estaba como loca. La tenía enorme. Entonces se abrió la
puerta, era Mariana, una profesora joven, mulata, con un cuerpazo
impresionante, y unos pechos más grandes que los míos, y me excitó que nos
viera, pero todavía me excitó más ver como cerraba con llave y se desnudaba y
empezaba a tocarme las tetas mientras yo se la mamaba al profesor.
El profesor me levantó y me sentó encima de
la mesa, y entonces Mariana empezó a comerme el coño, que a esas alturas ya
estaba completamente mojado, y tuve mi primer orgasmo, me ponía muy cachonda
estar con otra mujer. Entonces ella se tumbó en el suelo, y yo me arrodillé
para devolverle el favor, estuve jugando con mi lengua entre los labios de su
vagina, lamiendo su clítoris, mientras la oía gemir de placer. Mi profesor me
apartó de ella y me tumbó en la mesa: "te voy a follar puta" me dijo.
Y empezó a meterme su enorme polla. Y entonces tuve otro orgasmo. Cuando estaba
a punto de correrse se apartó y se corrió sobre los pechos de Mariana, que
seguía tumbada en el suelo, masturbándose mientras veía el espectáculo, y yo
limpié el semen de los pechos de Mariana con la lengua. Mariana y yo seguimos
jugando un rato delante del profesor, hasta que él estuvo a punto para follarme
otra vez, esta vez por detrás.
Cuando salí del despacho me parecía que
flotaba, todo olía a sexo y estaba un poco avergonzada por lo que había hecho,
pero muy satisfecha, porque además me había aprobado el examen con matrícula de
honor. Des de aquel día seguimos quedando de vez en cuando, sobre todo mi
profesor y yo, sin Mariana…



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