Mi sobrina Mariana.
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Me llamo Jorge y tengo 41 años. Soy un
hombre divorciado, de piel morena. La historia que voy a contar ocurrió hace 2
años, cuando mi sobrina Mariana empezó la Universidad. Intentaré
recrearlo todo tal y como ocurrió.
Mariana vivía en un pueblo pequeño, en el
que todo el mundo se conoce y nunca pasa nada interesante. Cuando cumplió
18 años y tuvo que elegir Universidad en la que estudiar se vino a Mexico. Su
mamá me había pedido el favor de que se quedara en mi piso conmigo un par de
semanas, hasta que arreglaran los papeles de su residencia de estudiante. A mí
no me había quedado más remedio que aceptar. Hacía dos años que me había
divorciado y supuse que no me vendría mal algo de compañía.
A Mariana hacía cerca de 10 años que no la
veía. La recordaba una niña. Cuando fui a buscarla al aeropuerto no la
reconocí. Tenía ante mí a una “adolescente” muy desarrollada. Era alta y de
caderas anchas, tenía unos senos demasiado grandes para su edad.
Tuvimos que pasar una hora en el aeropuerto
porque la compañía de vuelo había extraviado su equipaje y nos pusimos al día
el uno al otro.
-Yo: Bueno Mariana, ¿qué tal todo? ¿Nerviosa
por empezar en la Universidad?
-Mariana: Sí, la verdad… Estoy bastante nerviosa…
La notaba muy tímida. Cuando me hablaba
apenas me miraba a la cara y solía ponerse roja con facilidad. Me parecía muy
raro ya que las chicas guapas como ellas suelen tener más confianza en sí
mismas.
-Yo: Tranquila, ya verás que todo va a ir
bien. La etapa en la Universidad es algo que nunca se olvida.- Le dije para
tranquilizarla.
-Mariana: Eso espero.- Dijo algo más
animada.
Cuando llegamos a mi piso ya había
oscurecido. No habíamos podido recuperar el equipaje de Mariana y se le notaba
triste por ello , así que decidí intentar animarla y pedí unas pizzas.
Cuando terminamos de cenar Mariana ya no
parecía tan tímida como en el aeropuerto. Le ofrecí un pijama mío para que se
duchara y entró a la ducha. Yo entré a mi otro baño para ducharme. En el baño
no pude evitar pensar en lo bien desarrollada que estaba mi sobrina y tuve que
lidiar con una erección de esas que no bajan. Me di asco a mi mismo por pensar
en mi sobrina de esa forma, pero soy un hombre y no pude evitarlo. Ducha fría y
solucionado.
Cuando salí de la ducha Mariana aún no había
salido, así que me senté en el sillón y puse la tele. Estaban poniendo una
película mala, no recuerdo cuál era. Al rato Mariana salió de la ducha y
maldito el día en el que perdió las maletas y tuve que dejarle mi pijama…
Llevaba puesta sólo la parte superior del
pijama, que le quedaba largo, y unas braguitas lilas que apenas se le veían
debido a lo largo del pijama.
-Yo: ¿No te gustó el pantalón de pijama que
te dejé?- Le pregunté bromeando.
-Mariana: Me quedaba muy largo, era
ridículo.
-Yo: Bueno… ¿Quieres ver la tele?
-Mariana: Claro.- Dijo alegremente y se
sentó a mi lado.
La tenía sentada a mi lado y podía notar su
olor de mujer. La miré de reojo y maldición… Se le veía mucho escote debido a sus
grandes tetas y a que mi pijama le quedaba largo… Estaba demasiado sexy sólo
con la parte de arriba de mi pijama y sus braguitas lilas. Tan sexy que tuve
una erección aún más dura que la anterior. >>Por favor, que no note mi
erección>> pensaba yo…
Después de 15 minutos de película mi
erección se mantenía y ya había imaginado mil formas de follarme a mi sobrina.
De repente dijo algo:
-Mariana: Tengo frío, Jorge. ¿No tienes una
manta?- Preguntó. Y claro que tenía mantas. ¿Quién no? Pero no fue lo que le dije.
-Yo: Se están lavando. No pasa nada,
acércate.- Le dije mientras le ponía mi brazo por encima.
-Mariana: Gracias, tío.- Contestó sin
apartarse.
Entonces, tras unos minutos con mi brazo
sobre ella decidí hacer algo más. Estaba completamente seguro de que ya había
notado mi erección que no había bajado ni lo más mínimo, así que empecé a
acariciar una de sus piernas suavemente.
-Yo: Qué suaves tienes las piernas Mariana,
¿no tienes frío en ellas también?
-Mariana: Sí… Un poco…
-Yo: Yo haré que entren en calor.
Suavemente seguí acariciándole las piernas.
No parecía haber muestras de que no le gustara lo que estaba haciendo así que
decidí subir y llegué a su vagina.
Ella no decía nada así que no me detuve. Le
estaba rozando la vagina cuando noté que estaba mojada. Le gustaba lo que
estaba haciendo.
-Yo: Ya no hace tanto frío… ¿Por qué no te
quitas mi camiseta del pijama?
-Mariana: Está bien tío, ya que has
conseguido que entre en calor.- Dijo quitándose mi pijama.
La tenía ante mí, con sus grandes tetas al
aire. Únicamente con sus braguitas lilas. Parecía que la polla me iba a
estallar de lo hinchada que la tenía. Entonces empecé a tocarle la tetas con
mis manos. Gracias a que mis manos son grandes podía cubrirlas casi todas. Se
sentían genial. Empecé a lamerle los pezones como hacía con mi ex mujer.
Parecía que le gustaba así que comencé a mordérselos con cuidado. Para mi
sorpresa cuando le mordí los pezones gimió y eso fue el detonante. Mi polla ya
no aguantaba más así que me desnude completamente. Nunca había visto mi pene
tan erecto como lo estaba aquella vez. Se le notaban mucho las venas e incluso
parecía más grande de lo normal.
Mariana se quitó las bragas y me miró el
miembro sonrojada.
-Yo: Está así por ti. Agárralo.
Ella se acerco lentamente a él y lo agarró
con manos inexpertas. Empezó a mover su mano en mi pene.
-Mariana: Está caliente…
-Yo: Es por ti, Mariana. Por ti.
Entonces le dije que parara. Estaba
demasiado caliente y no quería correrme tan pronto.
-Yo: Ábrete para mí.- Le dije.
Ella obedeció sonrojada. Una vez la tenía
abierta ante mí me acerque a su vagina y comencé a meterlo los dedos. Estaba
muy húmeda. Acerqué mi cara a su coñito y lo olí. Olía tan bien… Comencé a
lamerlo y a hacerle en el clítoris lo mismo que le hacía a mi ex mujer. Ella
gemía mucho y yo cada vez estaba más cachondo.
-Yo: Está bien, es la hora de que entre en
ti, Mariana.
-Ella: Adelante…- Me contestó sonrojada.
-Yo: Pero antes necesito que me humedezcas
algo el miembro para ponerme el condón…- Le dije.
Ella captó la indirecta y comenzó a chuparme
el pene. La verdad es que no lo hacía del todo bien, así que se me ocurrió
preguntarle algo.
-Yo: Oye, Mariana… ¿Por casualidad no serás
virgen?
-Mariana: Sí…- Dijo sin mirarme a la cara.
No sé por qué pero eso me puso aún más
cachondo de lo que estaba. Saber que tenía ante mí a mi sobrina virgen de 18
años me iba a hacer explotar.
Rápidamente me puse el condón y le dije que
se abriera. Ella me obedeció de nuevo. Conduje mi miembro con la mano hasta su
vagina y la metí lentamente. Ella gritó un poco. Empecé a moverme cada vez más
rápido. Se sentía tan bien estar dentro de ella… Mientras la penetraba le
tocaba las tetas y ella se agarraba del vello de mi cuerdo y gemía. Minutos
después me corrí debido a lo cachondo que estaba. Cuando acabamos de follar nos
miramos el uno al otro. Las fundas del sillón de habían manchado de sangre,
pero no me importaba. Acababa de tener el mejor sexo del mundo con mi sobrina.
Eso era lo único que importaba.
Bueno. Como he dicho esto ocurrió hace dos
años. Dos días después mi sobrina fue a la residencia de estudiantes y yo quedé
sólo en mi piso. ¿Lo mejor? Casi cada fin de semana desde entonces ella se
queda en mi piso a dormir. Y como supondréis, no sólo dormimos… Actualmente
llevo una relación con mi sobrina de 20 años y no me arrepiento de ello.



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